Sello 1 · La metodología pedagógica
Del territorio a la virtud
Cada experiencia se rige por tres principios, transita por tres fases y resguarda el ritmo natural entre lo activo y lo receptivo.
Nuestra metodología articula tres momentos inseparables (territorio, experiencia y virtud) para que subsistir, habitar y existir se traduzcan en autonomía, ecología y ética.
Nuestra metodología articula tres momentos inseparables (territorio, experiencia y virtud) para que subsistir, habitar y existir se traduzcan en autonomía, ecología y ética.
La base metodológica
Tres momentos inseparables que dan forma al acto pedagógico
-
Territorio
Es el «primer educador». No se limita a lo geográfico, sino que es un ecosistema vivo (natural, social y cultural) con el cual el estudiante debe vincularse directamente, ya sea en el entorno escolar, urbano o en los ecosistemas.
-
Experiencia
Son inmersiones profundas en los quehaceres nativos de subsistir, habitar y existir, materializados en los actos de cocinar, refugiarse, explorar, registrar, expresar y convivir. Estas prácticas recuperan saberes vivos, indisciplinados y ancestrales, superando la visión de la educación como una mera acumulación de contenidos.
-
Virtud
Es el resultado del proceso. La virtud es el conjunto de habilidades fundamentales que permiten sustentar el buen vivir. El proceso pedagógico debe siempre permitir el cultivo de la autonomía, la ecología y la ética para custodiar los modos de vida regenerativos.
Los quehaceres nativos
Tres agrupaciones de quehaceres para cultivar las habilidades
Las Experiencias Nativas, capaces de cultivar las habilidades deseadas, pueden entenderse en las siguientes agrupaciones de quehaceres nativos.
Subsistir
para cultivar la
Autonomía
Alimentarse y refugiarse por mano propia, con autoeficacia.
Habitar
para cultivar la
Ecología
Reconocer el territorio cercano, el cuerpo y sus ecosistemas.
Existir
para cultivar la
Ética
Expresar las emociones y convivir en comunidad.
Los principios
Para que las experiencias tengan el impacto deseado
Deben regirse por los siguientes principios.
-
Deshabituación
Al enfrentarnos al acto pedagógico debemos procurar tomar distancia de lo artificial y de los hábitos modernos, para atestiguar la armonía del orden natural.
-
Interpelación
Es relevante que el encuentro entre el estudiante y la experiencia sea directo y genuino; toda intervención es para guiar, pero jamás torcer el proceso de enseñanza.
-
Resiliencia
Cuando ya se está realizando la experiencia se debe tener una disposición a enfrentar la incomodidad, el cansancio y el desafío como parte del aprendizaje.
Las fases
Una experiencia se ordena como secuencia
Su cronología transita por tres fases.
Preparación
Cada Experiencia Nativa debe comenzar con la primera fase, en la que se transmiten los conocimientos prácticos necesarios para la inmersión. Esta fase es fundamental, ya que permite a los participantes integrar las habilidades que harán de la experiencia un momento bien preparado.
Inmersión
Tras la preparación, cada aventura debe adentrarse en la segunda fase, que consiste en profundizar en el quehacer nativo. Es durante la inmersión cuando los estudiantes se encuentran significativamente con la exploración, los oficios y/o la expresión, lo que activa el proceso de cultivo de la virtud.
Anclaje
Cada aventura debe disponerse a la tercera y última fase, que permite decantar lo vivido, tanto a nivel individual como colectivo. Los registros obtenidos en la inmersión salen a la luz y permiten elaborar en conjunto, a través del arte, la poesía o la música, un relato de la experiencia que permite el anclaje comunitario de lo vivido.
Los dos ritmos
Dos polos que rigen todas las cosas vivas
Al realizar la inmersión en el quehacer nativo se debe resguardar la itinerancia entre el polo activo y el polo receptivo, dejando que la experiencia transite de uno a otro de forma natural, sin situarse jamás en uno solo.
El polo activo
Se refiere al hacer, al día, al movimiento, al ruido, a la vida, a lo iluminado, al crecimiento, a lo lleno. Las Experiencias Nativas deben tener sus momentos activos, creativos y punzantes.
El polo receptivo
Se refiere a la inacción, la noche, la quietud, el silencio, la muerte, lo oscuro, la descomposición, el vacío. Las Experiencias Nativas deben tener sus momentos receptivos, descomponedores y suavizantes.
Experiencias Nativas
Llevemos las Experiencias Nativas a tu escuela o liceo
Un Plan Integral de Experiencias Nativas ordena la metodología en el año escolar: al menos cuatro horas lectivas a la semana y una inmersión de larga duración al año en un Parque Escuela.

